lunes, 24 de enero de 2011

UNA COBIJA PARA DOS
No pasaban de las ocho de la noche cuando escuché que tocaban a la puerta, con un poco de timidez, como queriendo o no llamar la atención. Para mi sorpresa era el abuelo, a quien tenía algunos meses de no ver, él fue siempre bueno con nosotros; mis tres hermanas y yo, recibíamos alguna sorpresa cada vez que lo veíamos: Un dulce, un juguete o al menos un afectuoso abrazo y un sonoro beso. Yo no comprendía por qué papá, con él especialmente, se mostraba distanciado; lo que pasó con ellos en el pasado nunca lo supe, o más bien no lo entendía, pues al fin y al cabo era su padre y sin él no hubiera existido. De inmediato abrí la puerta:

-         Buenas noches abuelo, ¡qué bueno que nos visitas!
Me atrajo hacia él y me dio un cálido abrazo.
§        ¿Está tu papá? —preguntó.
-         En un momento lo llamo.
Lo encontré en la cocina. Y sin querer queriendo escuché su conversación, que en alguna forma transformó para siempre mi vida, y creo que también la de mi padre
·        ¿Qué deseas?
Exclamó un poco hosco papá.
§        Hijo, me ha ido muy mal y he perdido la casa, hoy me han echado, y no tengo a donde ir, quisiera pedirte me hospedaras por un tiempo, mientras resuelvo la situación, no tengo ni para un miserable hotel.
·        Papá, tú sabes que esto me ocasiona graves contratiempos, tú conoces bien como piensa mi mujer: El muerto y el arrimado apesta a los tres días. Y el casado casa quiere, y no quiere intromisión alguna.
§        Bueno hijo, entiendo, pero si al menos me dieras un pequeño espacio en la habitación de mi nieto, te prometo no crear ningún problema, además él y yo nos llevamos bastante bien.
·        Papá, —una vez más replicó— él es un joven adolescente de 17 años y necesita su autonomía, lo siento de verdad, pero no hay nada que hacer.
El abuelo titubeando y con voz temblorosa, casi por romper al llanto suplicó:
§        ¿No habrá acaso algún rincón en que pueda pasar solamente esta noche?
·        Bueno, si tal es tu urgencia, puedes quedarte en el patio de atrás, pero, —enfatizó con autoridad— que sea solamente por esta ocasión.
Papá me llamó y me ordenó furioso.
·        Baja de inmediato una cobija o una manta y dásela a tu abuelo, pues se quedará a dormir en el patio trasero, y date prisa, pues estoy muy cansado con tantos problemas y agrégale uno más.
Y meneó la cabeza fastidiado señalando al abuelo.
Pasaron unos diez minutos cuando papá entró a mi habitación, hecho una furia, reclamando mi atraso, pero sorprendido por lo que estaba haciendo, exclamó:
·        Me puedes explicar qué carajos estás haciendo, ¿por qué cortas en dos la cobija que te pedí?
Y simplemente le contesté:
-         Una mitad es para el abuelo y la otra la voy a conservar un tiempo para cuando me vengas a pedir lo mismo.
MI PERRO FIEL
Una pareja de jóvenes tenía varios años de casados y nunca pudieron tener hijo, para no sentirse solos compraron un cachorro pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo.
El cachorro creció hasta convertirse en un hermoso pastor alemán. El perro salvo en más de una ocasión a la pareja de ser atacadas por ladrones, siempre fue muy fiel, quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro. Luego de siete años de tener al perro, la pareja logro tener el hijo tan ansiado. La pareja estaba muy contenta con su nuevo hijo y disminuyeron las atenciones que tenia con el perro, este se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebe y ya no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante siete años. Un día, la pareja dejo al bebe plácidamente durmiendo y fueron a la terraza a preparar una carne asada, cual no fue su sorpresa cuando se dirigían al cuarto del bebe y ven al perro en el pasillo con la boca ensangrentada, moviéndoles la cola.
El dueño del perro pensó lo peor, saco el arma que llevaba y en el acto al mato al perro, corre al cuarto del bebe y encuentra una serpiente degollada... El dueño comienza a llorar y a exclamar... ­ he matado a mi perro fiel!
Cuántas veces hemos juzgado a las personas, lo que es peor las juzgamos y condenamos, sin investigar a que se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos...

EL MIEDO
Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó a dónde iba:
- A Bagdad - le contestó ésta - a matar cinco mil personas.
Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje la interpeló indignado:
- ¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, y mataste a cincuenta mil!
- No - respondió la Peste. - Yo sólo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo.

ESPERANDO AYUDA DE DIOS
Hubo una inundación muy grande en un pueblo pequeño. Todas las personas buscaron la manera de salvarse, pero un hombre se quedó solo en ese lugar, subió al techo de su casa y rezaba incansablemente pidiendo que Dios lo salvara.

Éste, confiaba plenamente en el Señor y estaba seguro que lo salvaría, de repente fue interrumpido por un hombre que pasaba en una balsa invitándolo a subir, sin embargo el hombre respondió "Dios me salvará" y lo dejó ir.
Luego pasaron un hombre en un bote, luego una lancha y finalmente un helicóptero.
A todos los rechazó diciendo: "Dios me salvará."
Finalmente se ahogó y llegó al cielo. Dios lo recibió a la entrada.
El hombre, molesto, le dijo a Dios:
"¿Por qué no me salvaste si yo confiaba en ti?"
Dios le respondió: "¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mandé?

GOTITAS
Había un gran incendio en un bosque de bambú; el incendio formaba llamaradas impresionantes, de una altura extraordinaria; y una pequeña ave, muy pequeñita, fue al río, mojó sus alas y regresó sobre el gran incendio, y las empezó a agitar para apagarlo; y volvía a regresar y volvía a ir una y otra vez; y los demás animales que la observaban, sorprendidos la llamaron y le dijeron:
-¿Por qué estás haciendo éso? ¿Crees que con esas gotitas de agua apagarás un incendio de tales dimensiones? No lo vas a lograr.
Y el ave humildemente contestó:
-El bosque me ha dado tanto, lo amo tanto, yo nací en él. Me ha dado todo mi ser. Este bosque es mi origen y mi hogar y me voy a morir lanzando gotitas de amor, aunque no lo pueda apagar.
Los demás entendieron lo que hacía la pequeña ave y la ayudaron a apagar el incendio.
Reflexión: Cada gotita de agua apacigua un incendio. Cada acción que con amor y entusiasmo emprendemos reflejará un mejor mañana. No subestimes tus gotas: millones de ellas forman un océano.
Todo acto que con amor realicemos, regresa a nosotros multiplicado.
DOS LOBOS
Un viejo indio estaba hablando con su nieto.
Le decía:
"Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón, uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador, el otro está lleno de amor y compasión".
El nieto preguntó:
"¿Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón? "
El abuelo contestó:
"Aquél que yo alimente."
HACER EL CAMPO FÉRTIL
El maestro zen le encargó al discípulo que cuidara del campo de arroz.
El primer año, el discípulo vigiló que nunca faltase el agua necesaria. El arroz creció fuerte y la cosecha fue buena.
El segundo año, el discípulo tuvo la idea de añadir un poco de fertilizante. El arroz creció rápido y la cosecha fue mayor.
El tercer año, colocó más fertilizante. La cosecha fue aún mayor, pero el arroz nació pequeño y sin brillo.
- Si sigues aumentando la cantidad de abono, la cosecha del año que viene no tendrá ningún valor – dijo el maestro.
“Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas”.
TU MAYOR TESORO
Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena. Pensaba de esta forma:
"Si tuviera un auto nuevo, sería feliz"
"Si tuviera una casa grande, sería feliz"
"Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz"
"Si tuviera pareja perfecta, sería feliz".

En ese momento, tropezó con una bolsita llena de piedras y empezó a tirarlas una por una al mar cada vez que decía: "Seria feliz si tuviera....".
Así lo hizo hasta que solamente quedaba una piedrita en la bolsa, la cual guardó. Al llegar a su casa se dio cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso.
¿Te imaginas cuántos diamantes arrojó al mar sin detenerse y apreciarlos?
Cuántos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros por estar esperando lo que creemos perfecto o soñando y deseando lo que no se tiene, sin darle valor a lo que tenemos cerca.
Mira a tu alrededor y si te detienes a observar, te darás cuenta cuán afortunado eres, muy cerca de ti está tu felicidad, y no le has dado la oportunidad de demostrarlo.
"La felicidad no depende de lo que nos falta, sino del buen uso que hacemos de lo que tenemos"
EL ASPECTO
Se encontraba una familia de cinco personas pasando el día en la playa. Los niños estaban haciendo castillos de arena junto al agua cuando, a lo lejos, apareció una anciana, con sus vestidos sucios y harapientos, que recogía cosas del suelo y las introducía en una bolsa.
Los padres llamaron junto a sí a los niños y les dijeron que no se acercaran a la anciana. Cuando ésta pasó junto a ellos, inclinándose una y otra vez para recoger cosas del suelo, dirigió una sonrisa a la familia. Pero no le devolvieron el saludo.
Muchas semanas más tarde supieron que la anciana llevaba toda su vida limpiando la playa de cristales para que los niños no se hirieran los pies.
ADMITE TUS FALLAS
Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo.
Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto".
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "Querido, ¡¡estás mirando un espejo!!"
Muchas veces nuestras propias faltas, las cuáles tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás.
Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas; es más fácil de negarlas que reconocerlas.
Por eso es necesario hacer a un lado el orgullo pues sólo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.
LÁGRIMAS Y RISAS
Una noche, a orillas del Nilo, una hiena se encontró con un cocodrilo. Ambos se detuvieron y se saludaron.
La hiena dijo:
-¿Cómo vas pasando el día, Señor?
-Muy mal -respondió el cocodrilo-. A veces, en mi dolor y tristeza, lloro. Y entonces las criaturas dicen: "Son lágrimas de cocodrilo". Y eso me hiere mucho más de lo que podría contar.
Entonces la hiena dijo:
-Hablas de tu dolor y de tu tristeza, pero, piensa por un momento en mí. Contemplo la belleza del mundo, sus maravillas y sus milagros y, llena de alegría, río, como ríen los días. Y los pobladores de la selva dicen: "No es sino la risa de una hiena".
EL ASNO SALVAJE Y EL DOMÉSTICO
Un asno salvaje, que buscaba alimento por las lomas, divisó a otro doméstico, que comía a boca llena pero prisionero en el potrero.
Entonces, aproximándose, le habló así:
·         Colega, se te ve reluciente y alegre. Tienes abundante comida y disfrutas regalada vida.
·         Así es –repuso el doméstico-; de estar bien alimentado no me quejo, pero me cuesta mucho la pitanza.
No bien acababa de platicar cuando apareció el amo, látigo en mano, para llevarlo a la cabaña.
A poco reaparece el doméstico con una pesada carga en el lomo y detrás suyo el arriero.
·         Si ese es el precio de tu buena vida –dijo el salvaje-, no tengo por qué envidiar tu suerte. Prefiero ser libre y no esclavo por un poco de alfalfa.
Mas amo libertad con pobreza, que prisión con riqueza.
TRES EMPLEADOS PUBLICOS
En cierta ocasión, se pregunto a tres empleados burocráticos, ¿Qué hace? Podríamos escuchar estas respuestas: Uno diría: “Estoy tramitando un expediente… “Otro diría: “Estoy ganando mi sueldo… “Pero habría alguno que contestaría: “estoy sirviendo a la nación”.
STEPHEN HAWKING
Físico Inglés. Nación en Oxford en 1942. Es considerado el Cosmólogo más inteligente de la actualidad, sus temas de interés giran en torno a la teoría del Big Bang. Es profesor de la Universidad de Cambridge y es autor de innumerables libros científicos, incluso de un Best Seller Titulado, “A Brief History of time” de 1988.
Sus logros son notables, porque por más de treinta año él ha sufrido de esclerosis múltiple, por lo tanto, está confinado a una silla de ruedas y sólo puede hablar con la ayuda de una computadora.
EL MARTÍN PESCADOR
El Martín pescador es un pájaro temeroso. Construye un nido muy alto sobre los árboles con el fin de protegerlo contra los peligros que pueden amenazar a sus pequeñuelos. Cuando éstos nacen su amor por ellos es tan grande que teme que caigan y se hieran, y entonces baja el nido. Cuando los pequeños se cubren de plumas, el amor de los padres va en aumento y el Martín pescador coloca aún el nido, tan bajo que los hombres, al encontrarlo al alcance de la mano, pueden apoderarse de los pajaritos a su regalado gusto.

DOS CAZADORES DE GANSOS SALVAJES
Dos hermanos, al ver aproximarse una bandada de gansos salvajes, prepararon sus arcos.
·         Si cazamos uno de estos gansos –dijo uno de ellos – lo prepararemos en adobo.
·         No – dijo el otro – eso es bueno para preparar los gansos cazados en tierra, pero los muertos en pleno vuelo, deben asarse.
Para solucionar esta discusión, se dirigieron al jefe de la aldea.
·         Corten el ganso por la mitad – aconsejó el jefe – y así cada cual puede prepararlo a su gusto.
Pero cuando los dos cazadores estuvieron listos para disparar, ya los gansos se habían perdido en el horizonte.
LAS OPINIONES
Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro. Caminaban al lado del jumento cuando atravesaban un pueblo. Un grupo de niños se rió de ellos gritando:
·         ¡Mirad qué para de tontos! De manera que tienen un burro y van los dos andando. Por lo menos el viejo podría subirse a él.
Entonces el anciano se subió al burro y ambos siguieron la marcha. Al pasar otro pueblo, algunas personas se indignaron al ver al viejo sobre el burro y dijeron:
·         Parece mentira. El viejo cómodamente sentado en el burro y el pobre niño caminando.
Viejo y niño intercambiaron sus puestos. Al llegar a la siguiente aldea, la gente comentó:
·         ¡Esto sí que es intolerable! El muchacho sentado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
Puestas así las cosas, el viejo y el niño se subieron al burro. Poco después venían un grupo de campesinos por el camino. Les vieron y les dijeron:
·         ¡Es vergonzoso lo que hacéis! Vais a reventar al pobre animal.
El viejo y el niño tomaron la determinación de cargar al burro sobre sus hombros, pero entonces la gente se mofó de ellos diciéndoles:
·         Nunca vimos una gente tan boba. Tienen un burro y en lugar de montarlo, lo llevan a cuestas.
De repente el burro se revolvió con fuerza y se desplomó a un barranco, hallando la muerte. El viejo, súbitamente, instruyó al muchacho:
·         Querido mío, si escuchas las opiniones de los demás y les haces caso, acabarás más muerto que este burro. ¿Sabes lo que te digo? Cierra tus oídos a la opinión ajena. Que lo que los demás dicen te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón.
CICATRICES DEL ALMA
En un día caluroso de verano en el sur de Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.
Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.
Oyéndole el niño se alarmó y miró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde.
Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos, justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas.
La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.
Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo.
El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levanto la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y dijo:
“Pero las que usted debe de ver son estas”.
Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza.
“Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.
EL PESO DE LA CRUZ
Un joven, ya no daba más con sus problemas.
Cayó de rodillas, orando:
“Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada”
El Señor, como siempre, acudió y le contestó:
“Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación.
Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras”.
El joven suspiró aliviado. “Gracias, Señor” dijo, e hizo lo que le había dicho.
Al entrar, vió muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba.
Después, vió una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
“Señor”, susurró, “quisiera esa que está allá”
Y el Señor contestó,
“Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar”
Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se enfrentan los demás.
Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.
EL PUERCOESPÍN
Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercos espín, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y, por eso, se separaban unos de otros. Nuevamente volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: ó desaparecían de la faz de la tierra ó aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos.
Aprendieron así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo que realmente era importante era el calor del otro y… Sobrevivieron.
La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, es aquella donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue perdón por los suyos propios.
¿VER PARA CREER?
Estaban un astronauta y un neurocirujano muy reconocido, discutiendo sobre la existencia de Dios.
El astronauta dijo:
·         Tengo una convicción, no creo en Dios. He ido al espacio varias veces y nunca he visto ni siquiera un ángel.
El neurocirujano se sorprendió, pero disimuló. Luego de pensar unos instantes, comento:
·         Bueno, he operado muchos cerebros y nunca he visto un pensamiento.
LA PRISIÓN DEL ODIO
Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

-No, gracias a Dios ya lo olvidé todo -contestó-. ¿y tú?

-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas -respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.
EL JARRÓN ROTO
Un hombre sabio vivía en una casa llena de costosos tesoros y obras de arte. Un día tenía invitados y todos estaban enfrascados en profundas conversaciones filosóficas. De repente, uno de los sirvientes dejó caer al suelo un hermoso jarrón de vidrio haciéndolo añicos.

Se produjo un gran silencio y todos los invitados miraron al anfitrión esperando el castigo que iba a tener al causante de tan valiosa pérdida. Como vieron que no reaccionaba y seguía sentado tan tranquilo, sus amigos más allegados le preguntaron:

¿Es que no vas a castigar a ese sirviente descuidado? Mira lo que ha destrozado.

Pero él les replicó: No, amigos míos, no lo voy a castigar ahora. En este momento no sería justo, pues me encuentro demasiado alterado.
EL INSTANTE IGNORADO
Un viejo cuento chino decía así:

Érase una vez un monje que paseaba meditabundo y concentrado en sí mismo. De pronto un alarmante rugido lo sacó de su ensimismamiento. Vio como tras él se encontraba un gigantesco tigre dispuesto a saboreárselo glotonamente. El monje comenzó una frenética carrera y en su desesperación se lanzó por un abismo, quedando enganchado a unas enormes ramas salientes. Cuál no sería su sorpresa al comprobar que en el fondo del barranco jugueteaban tres grandes tigres al tiempo que su perseguidor le rugía desde arriba.

Estando el monje en situación tan extrema, observa frente a él, en la pared rocosa, la más hermosa fresa que jamás contempló, su aroma era embriagador y atrayente. El monje alargó la mano, cogió la fresa y la comió con gusto deleitándole su sabor.

Esto ilustra lo que es vivir el instante presente.

Podremos percibir el placer de las pequeñas cosas, nuestra segura felicidad cotidiana si adquirimos el reflexivo arte de vivir oportunamente el instante presente.
CREE EN DIOS Y...
Multitudes de fieles fueron a escuchar las palabras del profeta Mahoma. Un hombre escuchaba con mucha devoción y oraba con gran fervor. Al llegar el atardecer se despidió.

Apenas estuvo fuera, regresó corriendo y con voz exaltada gritó: ¡Oh, Señor! He cabalgado con mi camello todo el día para venir aquí, para escucharte a ti, el profeta de Dios. Ahora ha desaparecido mi camello. No lo encuentro en ninguna parte. Yo te fui obediente, atendí a cada palabra de tu discurso y confié en la omnipotencia divina. Y he perdido mi camello. ¿Es ésta la justicia divina? ¿Es ésta la recompensa a mi fe? ¿Es éste el agradecimiento a mis oraciones?

Mahoma escuchó las desesperadas palabras del hombre y respondió con una sonrisa bondadosa: Cree en Dios, hijo, pero ata bien tu camello.
VOLAR SOBRE EL PANTANO
Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí. Comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo. Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida. El árbol podrido fue tragado por el cieno y el pájaro se dio cuenta de que iba a morir. En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo. Le costó mucho trabajo, porque había olvidado como volar, pero se enfrentó al dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso.

Los problemas que tenemos son muchas veces como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te está obligando a elevar el vuelo o morir. Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, ni los errores que se hayan cometido, ni las oportunidades que se hayan dejado pasar, ni la edad. Siempre estamos a tiempo para decir "basta", para sacudirnos el cieno y volar alto y lejos.

PARTE DEL REGALO
Una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol. "¿Dónde lo encontraste?", preguntó la maestra. La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana. La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol. "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo", comentó. La niña sonrió y contestó: "Maestra, la larga caminata es parte del regalo".
LA CALUMNIA
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado. Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo: "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas". El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas". El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

EMPUJA LA VAQUITA
Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: "En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?". El señor calmadamente respondió: "Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. "El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. Siguieron su camino, y un rato después se volvió hacia su fiel discípulo y le ordenó: "Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco."

 El joven, espantado, cuestionó al maestro aquella orden, pues la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante años. Un buen día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro. Elogió el lugar y preguntó al señor (el dueño de la vaquita): "¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?". El señor entusiasmado le respondió: "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora." La moraleja samurai nos dice: "Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, pero que nos lleva a la rutina y nos hace dependientes de ella, y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda. Tu sabes cual es tu vaquita. No dudes un segundo en empujarla por el precipicio.
EL ABUELO
El abuelo se había hecho muy viejo. Sus piernas flaqueaban, veía y oía cada vez menos, babeaba y tenía serias dificultades para tragar. En una ocasión -prosigue la escena de aquella novela de Tolstoi- cuando su hijo y su nuera le servían la cena, al abuelo se le cayó el plato y se hizo añicos en el suelo. La nuera comenzó a quejarse de la torpeza de su suegro, diciendo que lo rompía todo, y que a partir de aquel día le darían de comer en una palangana de plástico. El anciano suspiraba asustado, sin atreverse a decir nada.

Un rato después, vieron al hijo pequeño manipulando en el armario. Movido por la curiosidad, su padre le preguntó: "¿Qué haces, hijo?" El chico, sin levantar la cabeza, repuso: "Estoy preparando una palangana para daros de comer a mamá y a ti cuando seáis viejos." El marido y su esposa se miraron y se sintieron tan avergonzados que empezaron a llorar. Pidieron perdón al abuelo y a su hijo, y las cosas cambiaron radicalmente a partir de aquel día. Su hijo pequeño les había dado una severa lección de sensibilidad y de buen corazón.


LA VALENTÍA PREMIADA
Estaba caminando en una calle poco iluminada una noche ya tarde, cuando escuché unos gritos que trataban de ser silenciados y que venían de atrás de un grupo de arbustos. Alarmado, aflojé el paso para escuchar y me aterroricé cuando me dí cuenta de que lo que se escuchaba eran los inconfundibles signos de una lucha desesperada en la que a unos pocos metros de mí una mujer estaba siendo atacada. ¿Me debería involucrar? Yo estaba asustado pensando en mi propia seguridad y me maldije a mí mismo por el dilema ante el que estaba: ¿No debería tan solo correr al teléfono más cercano y llamar a la policía? Los gritos aumentaban. Tenía que actuar con rapidez. Finalmente me decidí. No podía darle la espalda a esa pobre mujer, aunque eso significara arriesgar mi propia vida. No soy un hombre valiente, ni soy un hombre fuerte ni atlético. No sé dónde encontré el coraje moral y la fuerza física, pero una vez que había decidido finalmente ayudar a la chica, me volví extrañamente transformado. Corrí detrás de los arbustos y salté sobre el asaltante. Forcejeando, caímos al suelo y luchamos durante unos minutos, hasta que el atacante se puso en pie de un salto y escapó. Jadeando fuertemente, me levanté con dificultad, y me acerqué a la chica, que estaba en cuclillas detrás de un árbol, llorando. En la oscuridad, apenas podía ver su silueta, temblando y en pleno shock nervioso. No quería asustarla de nuevo, así que le hablé a cierta distancia. "No te preocupes, ya se ha ido, estás a salvo", dije en tono tranquilizador. Hubo una prolongada pausa, y entonces oí: "¿Papá, eres tú?". Y entonces desde detrás del árbol salió caminando mi hija Katherine.
BAJO SUS ALAS
La revista "National Geographic" publicó hace unos años un artículo sobre algo sucedido después de un incendio en el Parque Nacional Yellowstone de EEUU. Después de sofocado el fuego empezó la labor de evaluación de daños, y un guardabosques encontró una ave calcinada al pie de un árbol, en una posición bastante extraña, pues no parecía que hubiese muerto escapando o atrapada, sino que simplemente estaba con sus alas cerradas alrededor de su cuerpo. Cuando el asombrado guardabosques la golpeó suavemente con una vara, tres pequeños polluelos vivos emergieron de debajo de las alas de su madre, que sabiendo que sus hijos no podrían escapar del fuego, no los abandonó en ese momento crítico.

 Tampoco se quedó con ellos en el nido sobre el árbol, donde el humo sube y el calor se acumula, sino que los llevó, quizás uno a uno, a la base de aquel árbol, y ahí dio su vida por salvar la de ellos. ¿Pueden imaginar la escena? El fuego rodeándolos, los polluelos asustados y la madre muy decidida, infundiendo paz a sus hijos, como diciéndoles: "No tengáis miedo, bajo mis alas nada os pasará". Tan seguros estaban ahí tocando sus plumas, aislados del fuego, que ni siquiera habían salido de ahí horas después de apagado el incendio. Estaban totalmente confiados en la protección de su madre, y solo al sentir el golpe del guardabosques pensaron que debían salir.
EL ESCORPIÓN Y LA RANA.
Estaba el escorpión al borde del río, metiendo sus patitas en el agua, cuando una rana que le observaba dijo. "Si entras en el río morirás ahogado". El escorpión respondió. "Cierto pero es que no hay otro modo de cruzar el río", la rana después de mucho pensar dijo, "yo podría llevarte, pero puesto que eres un escorpión, tengo miedo de que cuando me acerque a ti me piques y me mates", el escorpión estaba en un gran dilema, porque necesitaba llegar a la otra orilla, pero al final acabo aceptando. Así fue, que la rana se acerco, y el escorpión se subió encima. Y los dos juntos empezaron a cruzar el río. Justo a la mitad del río, la rana sintió como el aguijón del escorpión se clavaba hasta lo más profundo de sus entrañas, y el veneno, empezaba a matarla. La rana giró la cabeza y miró al escorpión, y le dijo "porque lo has echo?, podías haber esperado a cruzar el río para luego matarme, pero ahora, estamos en medio del río, y moriremos los dos, por que lo has echo?", el escorpión miro estupefacto a la rana, y le dijo, "no pude evitarlo, soy un escorpión".

LOS TRES CIEGOS Y EL ELEFANTE
Para definir estrategias hay que entender lo que se es. Y muchas de nuestras organizaciones son lo bastante grandes para hacerlo difícil. La suma de visiones parciales no es suficiente para afrontar los problemas. Es conocido el siguiente cuento sufí para explicar esto:

Tres ciegos encontraron un elefante. “Es una cosa grande y áspera, ancha y extensa como una alfombra”, dijo el primero, cogiendo una oreja. El segundo, cogiendo la trompa, exclamó: “Yo tengo la verdad. Es un tubo recto y hueco”. Y el tercero, cogiendo una pata delantera, señaló: “Es poderoso y firme como una columna”.

Ver “elefantes enteros” no significa que cada solución deba implicar a toda la organización. Algunos problemas se resuelven en un área funcional, otros englobando toda la organización, y otros requieren analizar las interacciones incluyendo todo un sector industrial, o la sociedad.
LOS MONOS

La siguiente historia se ha empleado para explicar cómo se puede originar y mantener una cultura inhibidora. No por conocida deja de ser interesante recordarla:

Unos investigadores prepararon un experimento: colocaron unos monos en una jaula, en la que colocaron una escalera sobre la que colgaban un montón de plátanos. Cuando algún mono intentaba alcanzar los plátanos subiendo la escalera, un mecanismo en los peldaños hacía que se lanzaran sobre los monos chorros de agua fría.

No pasó mucho tiempo hasta que los monos se percatarán del chaparrón que les podía caer si alguno subía a por plátanos. Al cabo de unos días, la escalera era tabú, como a algún mono se le ocurriera acercarse, los otros lo tiraban al suelo y lo pateaban.

Ya habían pasado unas semanas sin que ningún mono subiera la escalera, pese al tentador montón de plátanos. Entonces, los científicos jubilaron a uno de los monos y metieron a otro de becario. Este miró los plátanos, miró la escalera, miró a los compañeros, pensó que no se enteraban y corrió hacia la escalera. No llegó a alcanzarla, ni la siguiente vez ni la siguiente. A la tercera paliza se resignó.

Cuando jubilaron a otro mono, el reemplazo tuvo también sueños en los que participaba una escalera y unos plátanos, pero también fue apaleado cuando se acercaba. El que más entusiasmo mostró en la paliza era el último mono que había entrado. También se resignó.

Con el tiempo, todos los monos habían sido sustituidos, pero seguía la costumbre de pegar al que se acercara a los plátanos, aunque ninguno de ellos sabía la razón real: ninguno había recibido los chorros de agua fría. De hecho, se habían eliminado desde que se cambió el primer mono. Al pasar los meses sin que ninguno se acercara, ni siquiera se sabía que castigo caería sobre el mono que intentara acercarse a los plátanos, pero seguían sin hacerlo por miedo, consciente o no.

Si fuese posible preguntarles por qué nadie subía la escalera, la respuesta sería: "No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así..."  ¿Suena familiar?