lunes, 24 de enero de 2011

LOS MONOS

La siguiente historia se ha empleado para explicar cómo se puede originar y mantener una cultura inhibidora. No por conocida deja de ser interesante recordarla:

Unos investigadores prepararon un experimento: colocaron unos monos en una jaula, en la que colocaron una escalera sobre la que colgaban un montón de plátanos. Cuando algún mono intentaba alcanzar los plátanos subiendo la escalera, un mecanismo en los peldaños hacía que se lanzaran sobre los monos chorros de agua fría.

No pasó mucho tiempo hasta que los monos se percatarán del chaparrón que les podía caer si alguno subía a por plátanos. Al cabo de unos días, la escalera era tabú, como a algún mono se le ocurriera acercarse, los otros lo tiraban al suelo y lo pateaban.

Ya habían pasado unas semanas sin que ningún mono subiera la escalera, pese al tentador montón de plátanos. Entonces, los científicos jubilaron a uno de los monos y metieron a otro de becario. Este miró los plátanos, miró la escalera, miró a los compañeros, pensó que no se enteraban y corrió hacia la escalera. No llegó a alcanzarla, ni la siguiente vez ni la siguiente. A la tercera paliza se resignó.

Cuando jubilaron a otro mono, el reemplazo tuvo también sueños en los que participaba una escalera y unos plátanos, pero también fue apaleado cuando se acercaba. El que más entusiasmo mostró en la paliza era el último mono que había entrado. También se resignó.

Con el tiempo, todos los monos habían sido sustituidos, pero seguía la costumbre de pegar al que se acercara a los plátanos, aunque ninguno de ellos sabía la razón real: ninguno había recibido los chorros de agua fría. De hecho, se habían eliminado desde que se cambió el primer mono. Al pasar los meses sin que ninguno se acercara, ni siquiera se sabía que castigo caería sobre el mono que intentara acercarse a los plátanos, pero seguían sin hacerlo por miedo, consciente o no.

Si fuese posible preguntarles por qué nadie subía la escalera, la respuesta sería: "No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así..."  ¿Suena familiar?
ACELERACIÓN
“Dos hombres caminan por el monte. De repente ven como a cierta distancia se les acerca un gran oso enfurecido, con muy malas intenciones. Uno de los hombres abre la mochila, sacó de ella unas zapatillas deportivas, y mientras éste se las pone, su compañero le dice:

- Aunque te pongas las zapatillas, el oso es mucho más rápido, y no vas a conseguir correr más que él. Te alcanzará.

- No, si yo no pretendo ir más rápido que el oso, me basta con ir más rápido que tú.”

Esta es una anécdota típica en las escuelas de negocios, que viene bien para ilustrar el tema de las prisas en adoptar mejoras competitivas o modas de gestión (según se mire). Y la mejora que más encaja con la metáfora es precisamente esa: la de las prisas, la de la velocidad.

LA RANA HERVIDA
La mala adaptación a amenazas crecientes para la supervivencia aparece con tanta frecuencia en los estudios sistémicos de los fracasos empresariales que ha dado nacimiento a la parábola de la ‘rana hervida’.

Si ponemos una rana en una olla de agua hirviente, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla.

Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y se cocina. ¿Por qué? Porque su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales.

Todo cambio es estresante por definición. Aun cuando sea bien recibido, todo cambio altera la estabilidad. Para afrontar cualquier cambio debemos entender y manejar el estrés que inevitablemente se presenta en nuestra vida. Todos podemos regular el grado de estrés que experimentamos, manejando la cantidad de cambio que estamos dispuestos a tolerar.
La historia nos demuestra que todo lo que se creía grande acaba cayendo, y casi nunca a causa de lo que se creía que era la mayor amenaza.
UNA PERRA DE PARTO
Una perra preñada, no tenía dónde alumbrar a sus hijos y suplicó a una compañera:
- Mira el estado en que me encuentro…Por favor, déjame ocupar tu covacha.
- Es tuya mi casa hasta cuando sea necesario.

Pasados unos días, la dueña la visitó para decirle:
- Vengo por la vivienda. Ya no debes necesitarla.
- ¡Ay, amiga! Dame un tiempecito más hasta que mis cachorros puedan valerse por sí mismos. ¡Sé buena conmigo!
Vencido el nuevo plazo, la dueña solicitó su perrera; mas la huésped, mostrando los colmillos, se apertrechó y le dijo:
- ¡De aquí me sacas muerta! ¡Me quedaré hasta cuando me dé la gana!
EL JILGUERO TÍMIDO
Entre las aves canoras el jilguero es la más tímida. A la insinuación de todos siempre respondía:
- Jamás cantaré para ser objeto de burlas.
- No temas, jilguerito; canta y verás que nadie se reirá.
- le decía un perico-, y una cotorra acotó:
- Una vez te oí cantar en el bosque y tus gorjeos me embelesaron, ¿por qué no cantas ahora?

Llegó el ruiseñor y esparció un torrente de arpegios.
Pero al notar la apatía del jilguero, le dijo:
- ¿Por qué no me acompañas, jilguerito?
La avecilla, avergonzada, le confesó sus temores, a lo cual el ruiseñor respondió:
- Cantas bien o mal, el asunto es tuyo. Si no cantas ni para ti mismo, no eres jilguero ni eres nada.
PRESUMIR A DESTIEMPO
Una rana se preguntaba: ¿cómo podía alejarse del clima frió del invierno? Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar. “Déjenmelo a mí –dijo la rana-, tengo cerebro espléndido”. Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo.

La rana pensaba agarrarse de la caña con la boca. A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo.

Alguien preguntó: “¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?” Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: “¡A mí!” Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña y cayó al vacío.
EL CUERVO Y EL CONEJO.
Un cuervo estaba sentado en un árbol, sin hacer nada todo el día. Un pequeño conejo se dio cuenta de esto y le pregunto:
¿Puedo sentarme como tú y pasarme todo el día sin hacer nada?

El cuervo respondió: ¡Claro! ¿Por que no?
El conejo se sentó en el suelo, y descanso.
Repentinamente, apareció un lobo salto encima del conejo y se lo comió.

Para estar sentado sin hacer nada, debes estar muy, muy alto.

AUXILIO EN LA LLUVIA
Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana, de edad avanzada estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de soportar una fuerte tormenta.

Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche. Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.

Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: "Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente: La Señora de Nat King Cole."

No esperes nada a cambio y lo recibirás.
LOS DOS ERUDITOS
En la antigua ciudad de Afkar vivían dos eruditos, cada uno de los cuales odiaba y despreciaba los conocimientos del otro; porque uno de ellos negaba la existencia de los dioses y el otro era creyente.

Un día encontráronse los dos en la plaza pública, y en medio de sus secuaces comenzaron a disputar y argumentar acerca de la existencia o inexistencia de los dioses. Y tras horas de contienda, se retiraron.
Aquella tarde, el incrédulo se fué al templo y se postró ante el altar y rogó a los dioses que perdonasen su desvío en el pasado.

Y a la misma hora, el otro erudito, el que defendía a los dioses, quemó sus libros sagrados porque se había vuelto incrédulo.
LA CIUDAD BENDITA
En mi juventud me fue dicho que en cierta ciudad cada quien vivía conforme a las Escrituras.

Y me dije: “Buscaré esa ciudad y su bendición”. Pero estaba lejos y tuve que preparar una gran provisión para el viaje. Y después de cuarenta días de marcha, vislumbré la ciudad, y al día siguiente entré en ella.

Pero ¡Ay! Cada uno de sus habitantes tenía un solo ojo y una sola mano. Quedé asombrado, y me dije: “¿Acaso todos los que viven en esta ciudad santa han de tener un solo ojo y una sola mano?”
Luego vi que ellos también se maravillaban de que yo tuviera dos manos y mis dos ojos. Y al ver que hablaban entre sí, les pregunté: “¿Es esta realmente la Ciudad Bendita, donde todos viven conforme a la Escrituras?” Y me respondieron: “¡Sí, esta es la ciudad!”
“¿Y qué os ha sucedido, pregunté, y dónde están vuestros ojos derechos y vuestras manos diestras?” 
Conmovióse todo el pueblo, y dijéronme: “Ven y ve”.
Y lleváronme al templo, y en él vi un montón de manos y ojos, todos marchitos. Y compadecido, exclamé: “¿Qué conquistador ha cometido esta crueldad con vosotros?”
Y hubo un murmullo entre ellos. Y uno de los más ancianos se adelantó y me dijo: “Esta obra es nuestra. Dios nos hizo conquistadores del mal que había en nosotros”.

Y me condujo a un altar elevado, y todo el pueblo nos siguió. Y me enseño una inscripción grabada encima del altar, y yo leí: “Si tu ojo derecho te induce al pecado, arráncalo y apártalo de tí; porque es mejor para ti que uno de tus miembros perezca antes de que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te obliga a pecar, córtala y arrójala de tí, porque es preferible que perezca uno de tus miembros antes de que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”.
Entonces comprendí. Volvíme hacia todo el pueblo y exclamé: “¿No hay entre vosotros un varón o una mujer que tenga dos ojos o dos manos?”
Y me respondieron: “¡No! ¡Nadie! Salvo los que aún son muy pequeños para saber leer la Escritura y comprender sus mandamientos”.
Y cuando salimos del templo, me apresuré a dejar la Ciudad Bendita; porque yo no era demasiado joven y sabía leer la Escrituras.
LAS TRES HORMIGAS
ENCONTRARONSE  tres hormigas sobre la nariz de un hombre que dormía al sol. Después de haberse saludado cada una a la usanza de su tribu, pusiéronse a conversar.

Dijo la primera hormiga: “Estas colinas y llanuras son las más áridas que jamás conocí. Todo el día he buscado un grano de cualquier clase y nada encontré”.

Dijo la segunda: “Yo tampoco encontré algo, a pesar de haber recorrido cuanto páramo y escondrijo existen. Creo que esta es lo que mi pueblo llama la tierra blanda y movediza donde nada crece”
.
Luego la tercera hormiga alzó su cabeza y dijo: “Amigas mías, estamos ahora sobre la nariz de la Suprema Hormiga, la poderosa e infinita Hormiga, cuyo cuerpo es tan grande que no podemos verlo, cuya sombras es tan vasta que no podemos abarcarla, cuya voz es tan potente que no podemos oirla;  y es Ella omnipresente”.
Cuando terminó de hablar la tercera hormiga, las otras se miraron y echáronse a reir.
En ese momento, el hombre se movió y en su sueño alzó la mano, rascóse la nariz y las tres hormigas murieron aplastadas.
LOS DOS EREMITAS
En una solitaria montaña vivían dos eremitas que adoraban a Dios y se amaban el uno al otro.
Los dos eremitas tenían una escudilla de barro y ésta era su única posesión.

Cierto día, un mal espíritu entró en el corazón del más viejo, y acercándose al menor, le dijo: “Hace ya mucho que vivimos juntos. Ha llegado la hora de separarnos. Dividamos nuestras posesiones.
Entonces el menor de los eremitas se entristeció, y dijo: “Hermano, me aflige mucho el que tú quieras dejarme. Pero si es necesario que lo hagas, así sea”. Y trajo la escudilla de barro y se la entregó, diciendo: “No podemos dividirla, Hermano: que sea tuya”
.
Entonces el ermitaño mayor, contestó:
“No acepto ninguna caridad. No tomaré sino lo que es mío. Debe ser dividida”.
Y el menor dijo: “Si partimos la escudilla ¿para qué nos servirá después? Si te place, mejor juguémosla a la suerte”.
Pero el más viejo de los eremitas, insistió: “No pido más que justicia ni más de lo que me pertenece, y no quiero confiar la justicia y lo que me pertenece a la buena ventura. La escudilla debe ser dividida”.
Y el eremita menor, no pudiendo razonar más, dijo: “Si ésa es tu voluntad, quebremos la escudilla”.
Entonces el rostro del eremita mayor se puso más oscuro que la noche, y gritó: “¡Ah! Maldito cobarde, no quieres reñir”.
LAS SONAMBULAS
En la ciudad donde nací vivían una mujer y su hija, que caminaban durante el sueño.
Una noche, mientras el silencio envolvía al mundo, madre e hija, caminando aun dormidas, se encontraron en su nebuloso jardín.

Habló la madre, y dijo: “¡Al fin, al fin mi enemiga! ¡Tú que destruiste mi juventud y edificaste tu vida sobre las ruinas de la mía! ¡Ojalá pudiera matarte!
Y la hija habló, y dijo: “¡Oh mujer odiosa, egoísta y vieja! ¡Estás de pie entre mí y mi ser más libre! ¡Quisieras que mi vida fuese un eco de tu marchita vida! ¡Ojalá estuvieses muerta!”
En ese instante cantó un gallo, y ambas mujeres despertaron. La madre dijo dulcemente: “¿Eres tú, encanto?” Y la hija respondió: “Sí querida”.
LA ÚLTIMA PREGUNTA
Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última, que decía así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero... ¿cómo iba yo a saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola! Yo nunca olvidé esa lección.

También aprendí que su nombre era Dorothy.
JULIO VERNE, UN NOSTRADAMUS MUY LITERARIO
“De la Tierra a la Luna” fue publicada por Julio Verne en 1865. Se convirtió en un verdadero best seller en la época y la sensación literaria de ese momento en Europa. El relato, minucioso y exacto, contaba el viaje de tres hombres desde la Tierra hasta la Luna.

Las letras de Julio Verne inspiraron una de las primeras películas de la historia: "El viaje a la Luna" de George Méliès. Muchos han atribuido a Verne poderes predictivos respecto a sus visiones de futuro; el siglo XIX se caracterizaba por ese sentimiento de complicidad y confianza en la ciencia que se verá reflejado en numerosas novelas: vaticina así sobre el futuro de las ciencias naturales y sobre la revolución técnica, el empleo de máquinas hasta entonces inexistentes, el viaje a la luna entre otros eventos hasta entonces fantásticos.

EINSTEIN CHOFER POR UN DÍA
Se cuenta que en los años 20, cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo, el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.
Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.
"Si quiere", le dijo el chofer, "le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra."

Einstein, le tomó la palabra poniéndose al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes lo conocía, no se descubrió el engaño o al menos eso pareció.
El chofer había oído a repetir tantas veces el discurso científico que dio la conferencia sin mayor problema. No obstante, al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contesto:
"La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".

Esta anécdota quizás no sea del todo cierta, sin embargo, no deja de ser cómica.
MIGUEL DE UNAMUNO
El rey Alfonso XIII de España, perteneciente a la familia de Los Borbones, distinguió al escritor y filósofo Miguel de Unamuno con la Gran Cruz de Alfonso XII. Cuentan que en la recepción dada por el monarca para la entrega de dicha condecoración y tras escuchar las palabras que éste le dedicaba, dijo: “Señor, me siento muy orgulloso por la distinción que me concede y que verdaderamente merezco”.

El rey se sorprendió ante las palabras de Unamuno y le dijo: “Don Miguel, es el único que me ha dicho una cosa así, porque todos los que hasta ahora he distinguido con esta condecoración, me han dicho que no la merecían”. A esto el escritor respondió: “Señor: tenían razón al decir eso”.
“UN LOCO FILANTRÓPICO”
Cuando la fábrica de nitroglicerina de Alfredo Nobel estalló en 1864, matando a su hermano, el gobierno sueco se negó a permitir que la fábrica fuese reconstruida. Nobel, llegó a ser considerado como un científico loco que fabricaba “malvadamente la destrucción”.

En su testamento estipuló que su fortuna constituiría un fondo, cuyos intereses serían distribuidos cada año como premios a personas que realizaran beneficios a la humanidad en cinco temas específicos: Física, Química, Fisiología y Medicina, Literatura, y el progreso de la Paz. A pesar de las protestas de los parientes que deseaban la cuantiosa fortuna de Nobel, y del cuestionamiento legal de varios países, se logró crear la Fundación Nobel, que llevaría a cabo los deseos del ingeniero. En 1905 el premio Nobel de la Paz fue entregado a quien inspirara los ideales pacifistas en Alfred Nobel, su amiga la condesa Bertha Kinsky von Suttner, quien lo influyó notablemente en hacerle ver la importancia de la paz.

Nunca antes, en la historia de la humanidad, alguien detuvo su ajetreada vida, para pensar en elogiar, no solo con palabras, a las personas que, saliendo un poco del común de los mortales, inventaron, descubrieron, escribieron o lograron algo importante, que valía la pena detenerse, aunque fuera un breve instante para admirarlo.
ABRAHAM LINCOLN
Algunas personas, no importa cuán a menudo hablen en público, sienten cierta turbación un momento antes de comenzar, pero pocos segundos después la turbación desparece.

Hasta Abraham Lincoln se sentía turbado en los primeros minutos. “Al principio era muy torpe –cuenta su socio Rendón -, y parecía costarle mucho trabajo el hacerse a su auditorio. Luchaba durante cierto tiempo con aparente falta de confianza y timidez, lo cual sólo hacía más notoria su torpeza. He visto muchas veces a Lincoln en trances como éste, y me ha causado profunda lástima.
Cuando comenzaba sus discursos, la voz se le tornaba chillona, aguda y desagradable, sus gestos, su porte, su rostro moreno, pálido, arrugado y enjuto, su postura estrafalaria, sus movimientos poco seguros –todo parecía estar en su contra, pero sólo por muy breve tiempo”. En seguida adquiría serenidad, entusiasmo, celo, y entonces comenzaba su verdadero discurso.   


REPETIR EL CORÁN DE MEMORIA
Una de las universidades más grandes del mundo es la de El Hozar, en el Cairo. Es una institución mahometana que tiene veintiún mil estudiantes. En el examen de entrada se exige a cada aspirante que repita el Corán de memoria. El Corán es casi tan largo como el Nuevo Testamento, y se necesitan tres días para leerlo.